Una generación clave del empresariado chileno, que marcó la transformación económica del país desde los años 80, ha comenzado a retirarse de la primera línea. Figuras como Julio Ponce, Eliodoro Matte, José Luis del Río y Hernán Briones —todos nacidos a mediados de los 40— han dado pasos concretos hacia el retiro, en un proceso que también ha involucrado el traspaso del liderazgo a sus herederos o a equipos profesionales.
José Luis del Río, por ejemplo, dejará en abril los directorios de Falabella, Aza, Tecnofast y Alto, aunque permanecerá vinculado a la matriz Inder y a la pesquera Friosur. Julio Ponce transfirió la administración de sus sociedades de inversión a su hija Francisca, mientras que Eliodoro Matte, quien se apartó gradualmente tras el caso de colusión del papel tissue, delegó el liderazgo de sus empresas a ejecutivos externos.
Este fenómeno no es aislado. Empresarios como Hernán Briones, Carlos Eugenio Lavín, Carlos Alberto Délano, Andrés Navarro, Luis Enrique Yarur y Andrónico Luksic también han cedido protagonismo, marcando una transición generacional en los grandes grupos económicos del país.
Los expertos consultados coinciden en que esta generación surgió en un contexto único: una economía chilena en transformación tras las privatizaciones y la apertura comercial del régimen militar. Jóvenes con formación en economía e ingeniería, muchos educados en el extranjero, supieron aprovechar las oportunidades de un nuevo modelo de mercado, conformando grupos empresariales que hoy dominan sectores clave.
Ahora, sus descendientes y ejecutivos profesionales asumen el desafío de continuar ese legado en un entorno empresarial más global, regulado y exigente. Aunque algunos dudan que se repita un fenómeno como el de los empresarios de los 80, hay confianza en que la nueva generación está preparada para llevar las riendas con talento, formación y visión de futuro.
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