Hay trayectorias que se leen en línea recta y hay otras que se leen en profundidad. La de Cristián Cerna es de las segundas. Director de la Chile–US Chamber of Commerce (CUCC) y fundador de Altadirección Capital Latam, Cristián lleva 33 años en el mundo financiero.

Todo partió en la banca. Quince años trabajando en análisis financiero y riesgo, y luego en el mundo corporativo dentro de un grupo económico. Ahí, dice, «se formó». Cuando llegó a Miami hace tres años,  Patricio Sepúlveda lo invitó a integrarse a la CUCC. Y desde ese momento, Cristián encontró el lugar donde juntar todo lo que había construido: la experiencia técnica, la red latinoamericana y las ganas de ayudar a los empresarios chilenos a llegar bien preparados a este mercado.

El salto que pocos se atreven a dar

Renunciar al banco después de quince años no fue una decisión menor. Significó soltar la seguridad, el sueldo fijo, el cargo. Pero Cristián lo hizo. No por impulso, sino porque había algo que le pesaba más que el miedo: las ganas de hacer lo que realmente le gustaba, que era ayudar a los empresarios latinoamericanos a construir empresas financieramente sólidas.

De ahí nació Altadirección Capital LATAM. Y de ese salto, dice, aprendió lo que ningún curso enseña: perseverancia, disciplina, voluntad y fe. No como palabras de autoayuda, sino como herramientas reales de trabajo.

Lo que la Cámara hace que nadie más hace

Para Cristián, la CUCC es, literalmente, un faro. Los chilenos que llegan a Miami llegan con producto, con experiencia, con ganas. Lo que no traen es el mapa. No conocen la cultura, los procedimientos, cómo se mueve la industria acá, cuáles son los tiempos correctos.

La Cámara tiene directores especializados en cada área — tecnología, agricultura, finanzas — que no solo orientan, sino que acompañan. «Toman de la mano», dice Cristián, y esa frase importa. Porque una cosa es recibir información y otra muy distinta es tener a alguien que camina contigo mientras la procesas.

Dentro de la CUCC, Cristián lidera los eventos y el networking institucional. Y lo hace con una convicción clara: el networking sin propósito no sirve de nada. «Las redes y los contactos son importantes en la medida en que yo tenga algo bueno que ofrecer, algo que el otro necesite».

Lo que nadie te cuenta antes de llegar

Estados Unidos es un mercado brutalmente competitivo. No solo en lo técnico sino también en lo comercial, en lo legal, en los tiempos. Y Cristián lo dice sin anestesia: los chilenos que llegan sin plan, o con un plan a medias, se frustran. Algunos duran un año, dos, y abandonan.

«Esto es una maratón», repite. Y las maratones no se ganan con entusiasmo sino con consistencia, con un plan de negocio bien armado, con financiamiento claro y con la humildad de entender que los resultados no son automáticos. Como nada en la vida que valga la pena.

El futuro de la relación bilateral, en cambio, lo ve con optimismo real. El nuevo gobierno chileno es pro mercado, y eso se traduce en relaciones internacionales más activas. Chile ya tiene presencia aquí: sus vinos, su fruta, su cobre son reconocidos. Lo que falta, dice, es más convicción institucional. Y pone como ejemplo al BCI: la compra del City National Bank of Miami no fue un capricho, fue una declaración de estrategia, de visión de largo plazo, de saber exactamente por qué estás haciendo lo que estás haciendo.

Lo que lo mueve

Al final de la conversación, cuando Cristián habla de su motivación para hacer todo lo que hace, no habla de metas ni de métricas. Habla de Chile. «Adoro mi país, adoro mi patria».

Eso, más que cualquier análisis financiero, explica por qué sigue levantándose a las 5:30 de la mañana, trabajando desde las 6:30 y construyendo puentes entre dos mercados que todavía tienen mucho por hacer juntos.

Mirada personal

    ¿Qué libro le recomendarías a cualquier emprendedor?

    Principles, de Ray Dalio. Porque te obliga a preguntarte quién eres, cuál es tu verdad, para qué eres bueno. Y después te muestra, con gráficos incluidos, que el camino al éxito no es una línea recta. Es una espiral. Subes, caes, te equivocas, corriges, vuelves a subir. El secreto no es no caer,  es errar rápido y corregir más rápido todavía. Eso lo aprendí leyendo ese libro, y también viviéndolo.

    ¿Una ciudad que te inspire?

    En Chile, Puerto Natales. La paz, el mar, la simplicidad. En Estados Unidos, Washington DC, porque interpreta algo que en América Latina nos cuesta: el respeto por la historia, por las instituciones, por los héroes que construyeron el país.

    ¿Un hábito que no negocias?

    Levantarme a las 5:30 de la mañana. A las 6:30 ya estoy trabajando. El talento ayuda, la inteligencia también, pero el esfuerzo es el que cierra la ecuación.

    ¿Qué consejo te hubiese gustado recibir antes?

    Más que un consejo, una enseñanza: que alguien me hubiese sentado a ver un balance, un estado de resultados, un flujo de caja desde el colegio. Eso es lo que hice con mis hijos, desde octavo básico. Porque entender los números no es un tema de adultos ni de empresarios. Es una habilidad de vida.