La COP30, celebrada en Belém, Brasil, inició con la ausencia de más de 160 líderes mundiales, entre ellos Donald Trump, Xi Jinping y Narendra Modi, según informó BBC News Mundo. La escasa participación de jefes de Estado ha llevado a cuestionar la relevancia de estas reuniones, creadas para coordinar esfuerzos globales frente al cambio climático.

De acuerdo con Justin Rowlatt, editor de Clima de la BBC, la ausencia de Estados Unidos y China —los mayores emisores de carbono del planeta— refleja un giro en la política internacional. El presidente Trump se retiró nuevamente del Acuerdo de París, calificando el cambio climático como “el mayor engaño jamás perpetrado contra el mundo”. Su gobierno ha revertido restricciones a los combustibles fósiles, reducido subsidios a la energía eólica y solar, y abierto tierras federales a la explotación petrolera y gasífera.

Mientras EE.UU. impulsa su estrategia para convertirse en “la primera superpotencia energética del mundo” basada en petróleo y gas, China avanza en sentido opuesto: las tecnologías limpias representaron el 40% del crecimiento económico chino en 2023, y el país produce más del 80% de los paneles solares y 60% de las turbinas eólicas del mundo. Esta rivalidad ha transformado la política climática global en una competencia económica por el dominio de las energías del futuro.

En Europa, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, advirtió que el bloque no debe repetir los errores del pasado y perder otra industria estratégica frente a China. La UE proyecta que el mercado global de renovables crecerá de US$694.000 millones a US$2,3 billones en la próxima década, y busca capturar al menos el 15% de ese negocio.

Pese a las tensiones, expertos como Michael Jacobs y Ed Miliband defienden la continuidad de las COP como espacios esenciales para coordinar acciones internacionales. Este año, los países esperan concretar un fondo multimillonario para proteger las selvas tropicales, incluido el Amazonas. Sin embargo, analistas coinciden en que el proceso de descarbonización dependerá cada vez más de acuerdos bilaterales y económicos, y menos de compromisos multilaterales formales.

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