Al cierre de 2025, la economía chilena mostró un desempeño mejor al esperado, con un crecimiento estimado entre 2,4% y 2,5%, superando la mayoría de las proyecciones realizadas a fines de 2024 e inicios de 2025. Este resultado marca el fin de un ciclo de ajustes y correcciones, en un año que sorprendió positivamente pese a un Imacec de noviembre más débil de lo previsto.
En sus estimaciones iniciales, el Banco Central de Chile proyectaba un crecimiento de entre 1,5% y 2,5%, mientras que organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Cepal anticipaban cifras cercanas al 2%. Los analistas privados también se alineaban en torno a ese nivel, en contraste con Hacienda, que desde un comienzo mostró una visión más optimista.
Las mejores cifras finales se explican por varios factores clave: una inflación que descendió más rápido de lo previsto, un contexto externo más favorable, con precios del cobre al alza, y un mejor desempeño de la inversión, especialmente en maquinaria y equipos. Además, la actividad no minera —servicios y comercio— mostró mayor solidez, compensando la debilidad de la minería en algunos tramos del año.
De cara a 2026, el consenso apunta a un escenario moderadamente más favorable, aunque con cautela. El Banco Central elevó su proyección a un rango de 2% a 3%, mientras que el Banco Mundial estima un 2,6% y Hacienda un 2,5%. Aun cuando persisten riesgos internos y externos, se abre paso un escenario donde crecimiento, inflación en torno a la meta y mejores perspectivas de inversión comienzan a alinearse tras varios años de incertidumbre.
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