Por Roberto Darrigrandi, socio en ALTADIRECCION Capital Latam.
La conversación sobre blockchain dejó de ser tecnológica y pasó a ser estratégica. Más que una innovación digital, debe entenderse como una nueva infraestructura económica orientada a reducir costos de agencia, asimetrías de información y fricciones transaccionales. En términos empresariales, implica menor dependencia de intermediarios, mayor trazabilidad y un uso más eficiente del capital. Para el eje Chile–USA —cada vez más integrado en comercio, inversión, energía, real estate, minería, agroindustria y servicios financieros— esto tiene implicancias directas en financiamiento, gobierno corporativo y acceso a mercados.
Un blockchain público opera como un libro mayor distribuido e inmutable, donde los registros son verificables en tiempo real. A diferencia de los sistemas tradicionales, basados en conciliaciones posteriores y auditorías ex post, permite auditoría continua y liquidaciones más ágiles. En operaciones transfronterizas entre Chile y Estados Unidos, esto puede traducirse en menor riesgo de contraparte, reducción de costos administrativos y mayor eficiencia en comercio exterior, financiamiento estructurado y emisión de instrumentos privados.
La reducción de asimetrías de información constituye uno de sus aportes más relevantes. El acceso simétrico a datos transaccionales verificables mejora el pricing de activos, fortalece la evaluación de riesgos y habilita contratos automatizados que ejecutan condiciones predefinidas sin discrecionalidad humana. Sectores intensivos en capital podrían estructurar esquemas de tokenización de activos y flujos futuros, ampliar su base inversionista en el mercado estadounidense y diversificar fuentes de financiamiento mediante emisiones digitales o fraccionamiento de activos.
La señal estratégica desde Estados Unidos es clara: la tokenización está ingresando al núcleo de las finanzas tradicionales, permitiendo liquidación atómica y menor exposición operativa post-trade. Para empresas chilenas con vocación exportadora o planes de financiamiento internacional, esto abre oportunidades concretas de mayor visibilidad, integración financiera y acceso a capital estadounidense bajo estructuras más flexibles y eficientes.
Al mismo tiempo, este proceso puede fortalecer la profundidad del mercado de capitales chileno si se articula adecuadamente con estándares regulatorios internacionales y marcos de supervisión robustos, posicionando a Chile como un socio financiero sofisticado dentro del ecosistema estadounidense.
No obstante, la integración a mercados digitales 24/7 también implica mayor exposición a flujos globales y una transmisión más rápida de shocks externos. La volatilidad puede amplificarse y la gestión de liquidez se vuelve más exigente, lo que obliga a fortalecer capacidades en ciberseguridad, cumplimiento regulatorio y gestión integral de riesgos.
La pregunta estratégica ya no es si esta transición ocurrirá, sino cómo posicionarse frente a ella. El blockchain está redefiniendo la infraestructura de confianza de los mercados globales. Para el eje Chile–USA, la ventaja competitiva radicará en combinar innovación tecnológica con gobernanza robusta y prudencia estratégica, capturando eficiencia y acceso a capital en esta nueva arquitectura financiera.
Roberto Darrigrandi es economista, académico y socio de ALTADIRECCION CAPITAL LATAM. Puedes contactarlo directamente en: roberto.darrigrandi@





